Especialidades Psicológicas

TRASTORNO DE GILLES DE LA TOURETTE

El síndrome de Gilles de la Tourette es un trastorno neurológico que se caracteriza por movimientos involuntarios repetidos y sonidos vocales incontrolables e involuntarios que se llaman tics.  En algunos casos, tales tics incluyen palabras y frases inapropiadas.

Las características esenciales de este trastorno son los tics motores múltiples y uno o más tics vocales. Los tics aparecen varias veces al día, recurrentemente a lo largo de un periodo de más de un año
Un tic motor es una contracción nerviosa rápida y reiterada que produce un movimiento rápido y repentino. Los tics motores más comunes son parpadear, encogerse de hombros, y hacer muecas y movimientos con la nariz. Un tic vocal es un sonido realizado involuntariamente y puede incluir ruidos y sonidos sin sentido, entre ellos, gruñidos, chasquear la lengua, silbar y despejarse la garganta.
Los primeros síntomas suelen ser emisiones de un tic simple, siendo el más frecuente el parpadeo. Con menos frecuencia los tics iniciales afectan a otras partes del rostro o del cuerpo y pueden consistir en muecas faciales, giros de cabeza, saltar, aclarar la garganta, pronunciar sonidos o sílabas…

CRITERIOS SEGÚN DSM IV

  1. En algún momento a lo largo de la enfermedad ha habido tics motores múltiples y uno o más tics vocales, aunque no necesariamente de modo simultáneo, (una vocalización o movimiento súbito, rápido, recurrente, no rítmico y estereotipado.)
  2. Los tics aparecen varias veces al día (habitualmente en oleadas) casi cada día o intermitentemente a lo largo de un período de más de 1 año, y durante este tiempo nunca hay un período libre de tics superior a más de 3 meses consecutivos.
  3. El trastorno provoca un notable malestar o deterioro significativo social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
  4. El inicio es anterior a los 18 años de edad.
  5. La alteración no se debe a los efectos fisiológicos directos de un fármaco (p. ej., estimulante) o de una enfermedad médica (p. ej., enfermedad de Huntington o encefalitis pos vírica).

CURSO

La edad de inicio del trastorno puede ser muy temprana, alrededor de los 2 años de edad, y suele presentarse durante la infancia o el inicio de la adolescencia; por definición se inicia siempre antes de los 18 años de edad. La edad promedio de inicio de los tics motores es a los 6-7 años. El trastorno puede durar toda la vida, aunque puede haber periodos de remisión que duran semanas o años. En la mayoría de los casos, la gravedad, frecuencia, grado de perturbación que provocan y variabilidad de los síntomas disminuyen durante la adolescencia y la vida adulta. En raras ocasiones los síntomas pueden empeorar en la vida adulta.

EPIDEMIOLOGÍA

La prevalencia guarda relación con la edad. Están afectados muchos más niños (5-30 por 10.000) que adultos (1-2 por 10.000)

Afecta 3 o 4 veces más a hombres que a mujeres.

ETIOLOGÍA

Aunque la causa del síndrome de Tourette es desconocida, las investigaciones actuales revelan la existencia de anormalidades en ciertas regiones del cerebro (incluyendo los ganglios basales, lóbulos frontales y corteza cerebral), los circuitos que hacen interconexión entre esas regiones y los neurotransmisores (dopamina, serotonina y norepinefrina) que llevan a cabo la comunicación entre las células nerviosas. Dada la presentación frecuentemente compleja del síndrome de Tourette, la causa del trastorno seguramente es igualmente compleja.

TRATAMIENTO

Debido a que los síntomas del tic no siempre producen discapacidad, la mayoría de las personas con el síndrome de Tourette no requiere de medicamentos para controlar los tics. Sin embargo, existen medicamentos efectivos para aquellas personas cuyos síntomas interfieren con su funcionamiento diario. Los medicamentos que han demostrado ser más útiles de manera consistente para controlar los tics son los neurolépticos. Existen varios pero algunos son más efectivos que otros (por ejemplo, el haloperidol y el pimozide).

La terapia cognitiva también puede ser útil ya que puede ayudar a las personas con el síndrome de Tourette a adaptarse mejor a su trastorno y a manejar los problemas sociales y emocionales secundarios que a veces ocurren. Recientemente, hay tratamientos específicos para modificar el comportamiento, incluyendo enseñar al paciente a tomar conciencia del problema.

 

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